miércoles, 9 de octubre de 2013

El último titán de los mares, el Santísima Trinidad

En el siglo XVIII las potencias europeas se armaban para la batallay, aunque el otrora invencible Imperio de las Españas había perdido gran parte de su antiguo predominio,el reino de España todavía tendría una última página que añadir a la historia naval.


El rey de España Felipe VI, de forma inteligente, deduce que para que España recupere su fuerza debe recuperar el lugar donde siempre destacó, las fuerzas navales, antiguamente tan poderosas que llegaron a llamarse la Armada Invencible.
El rey por tanto profesionaliza y mejora la armada mediante numerosas medidas que hacen recuperar a la Armada de España un cierto poder, pero, para culminar ese trabajo la Armada necesitaba un nuevo navío, un navío invencible, tan tremendo, tan descomunal en sus dimensiones que apabullara al enemigo y se convirtiera en el buque insignia de una gran flota, este barco sería el Santísima Trinidad.



Este enorme barco, que llegó a tener 140 piezas de artillería, 4 puentes y casi 5000 toneladas de desplazamiento fue botado en La Habana en 1769, construido con madera del poblado de San Jerónimo (Florida), fue el barco más grande y artillado de su tiempo, siendo el orgullo de la Armada Española.

Pero este gran barco no se construyó simplemente para navegar sino que era un barco de guerra y como tal sirvió con honor y gran utilidad en la flota española desplazada a Estados Unidos durante La guerra de la Independencia de Estados Unidos,  combatiendo en las batallas del Canal de la Mancha, en la batalla del Cabo de Espartel y posteriormente en la Batalla del Cabo de San Vicente.


Un trágico Final

En el contexto de las guerras napoleónicas las armadas de las dos grandes potencias navales del mundo se preparaban para un enfrentamiento colosal, y, por supuesto, nuestro titán fue hacia allí para liderar la flota española, que combinada con la fracesa, se reunían para plantar cara a la moderna y orgullosa Royal Navy británica.

Sólo un titán podía vencer a otro y, para desgracia de España y Francia, la Royal Navy se presentó a la batalla liderada por uno de los mejores y más valientes Almirantes de la historia, Lord Horatio Nelson,un hombre dispuesto a morir si fuera necesario para que su amada Gran Bretaña no cayera ante Napoleón. Ante este gran hombre, la Armada aliada presento a Villeneuve, un hombre que no estuvo a la altura de su rival. 
La batalla de Trafalgar, una de las batallas navales más importantes de la historia se decantó para el bando británico, quedó para el recuerdo el valor de Nelson, que a punto de morir instó a sus hombres diciendo "En el nombre de Dios, cumplid con vuestro deber".

Así sería el fin de este gran barco y,en cierto modo de la Gran España, la que lucho por tener el mundo y que, con Carlos V casi lo tuvo, por tanto es un orgullo poder decir que aunque perdieron, lo intentaron como valientes, como españoles.
Escribo este artículo para recordar que aunque a veces nos cueste recordarlo, España tiene una historia increíble, que intentaré contar en posteriores entradas.


Aquí os dejo un artículo en el que se habla de que el barco ha sido hallado en la costa de Cadiz.



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